sábado, 8 de octubre de 2022

"Sexenemigos" {+18}

     "Te odio tanto", eso era lo que quería expresar pero su boca aprisionaba todas las palabras. Sus labios bajaron hasta mi cuello, saboreando todo el recorrido e impregnándose de mi aroma. Estaba ansiosa; mis dedos se enroscaron en su cabello y lo jalaron con fiereza. Los besos eran calientes y sensuales. Dejé escapar un leve jadeo. "Mi enemigo"... no habrá marcha atrás después de esto. Salvo a que... sea yo quien le haga gritar mi nombre y no al revés. En un ágil movimiento, lo pongo a él contra la pared. Su rostro está estupefacto, sus labios dulcemente hinchados  y en sus ojos baila la intriga. Le beso con todo el rencor que nos tenemos. Lo peor de todo es que en sus movimientos hay lujuria, sin embargo, también una lucha que está perdiendo. 

    Nuestras lenguas se pelean por liderar y eso se siente tan... bien. Mis manos se pasean por su nuca, sus omoplatos, dando leves apretones llegando a la clavícula. Mas, pasan derecho, cumpliendo lo que hace tanto he querido hacer pero no debería. Sus músculos se encuentran tensos y no puedo imaginar cómo estará su erección. Me toma por las caderas, desesperado, y nos adentramos en una fricción esplendorosa por encima de nuestras ropas. Ya me puedo hacer una idea de cómo se encuentra allá abajo.

     Le desabrocho el pantalón y tiro del bóxer. Quedo con la boca abierta, su pene es... (trago saliva) impresionante. ¿Cabe? "No seas exagerada", me reprendo. Intenta levantarme la falda pero me esfuerzo para no sucumbir y lo detengo. Él mismo se quita la camisa. Yo dichosa, admiro su esbelto cuerpo. Me recorre la figura con sus manos mientras reparto besos y pequeños mordiscos por su abdomen. Nos miramos y sigo bajando. "Más", grita algo palpitante en mí y conste que no es el corazón. Su glande brilla por el líquido preseminal. El miembro, totalmente erecto, me incita a proseguir. Le doy una pequeña probada a la punta, tanteando el terreno. Él suelta un suspiro de alivio, se encontraba desesperado y me emociona saber que es por mí. Tomo su falo con la mano derecha y hago leves movimientos, provocándolo en el proceso. Jamás dejamos de mirarnos, me atraen sus bellos ojos hazel. Paro la agitación e inicia el juego. Mi lengua hace un camino desde el nacimiento de la extremidad hasta la punta. Me deleito al ver sus gestos y oír sus gemidos, son tan, endemoniadamente, placenteros. Adentro mi boca y degusto más de su pene. 

    Siempre me han considerado la chica responsable, introvertida y que vive por el trabajo. Nunca había disfrutado tanto ser cochina, morbosa y rebosante de lujuria. Permitirme satisfacerme por una vez en mi vida.

    Continúo con mis acciones. Entro y salgo. Al emprender mi objetivo, todo fue suave, empero, ahora es rudo y sin salvación. Mi boca se siente caliente. La fricción empleada me desgasta. La mejor parte de la felación es ver a mi enemigo vulnerable y saber que es gracias a mí. Más rápido y con más fuerza. Noto que sus músculos se tensan. Jadea mi nombre y es uno de los sonidos más exquisitos que he escuchado. Está a punto de acabar, me estremezco y me excita. Sin embargo, en el momento en el que va a terminar, se aparta y mi frente choca contra la pared. Coge su gran miembro en unos cuantos movimientos y el sémen se le riega por la mano y unas cuantas gotas llegan al piso. Por más de que no quiera admitirlo, me siento como a una niña que le arrebataron su dulce. Subo lentamente mi mirada -sigo arrodillada con las manos en mi falda desgarrada, blusa casi rota, labios prominentes y rojos y espalda recta- para encontrarme con una sonrisa pícara de parte de mi adversario. Respiro agitadamente aunque él está peor.

    -Muy santa en el trabajo pero una diabla en las sombras, ¿eh?- Todo el tiempo lo critiqué por ser lascivo y yo caí redondito.

    -En el trabajo -aclaro.- Recuerdame quién fue el que gimió mi nombre-Contraataco.

domingo, 28 de agosto de 2022

Perspectiva

     De lejos, de cerca, en todas las direcciones, por todos lados. ¿Me considero un acosador? No, lo normal. Sonríes, lloras, te burlas, maldices. Has madurado y yo he soportado cada una de tus etapas. Cada martes te recojo en mi carcacha que tengo por carro. Nunca me cayeron bien tus amigos pero no quiero que te quedes sólo conmigo. Tu madre detesta verme, piensa que soy una mala influencia para ti con la excusa de que fumo. Me resplandecen los ojos al percatarme de que eres feliz cuando voy a tus presentaciones de la banda que creaste. 

    Eres una mujer hecha y derecha, mas, en todo momento serás mi hijita revoltosa que corría por toda la casa como toda una exploradora.

Condenas

     Tu perfume se quedó en mis sábanas, tus besos impregnados en mi piel. y tus palabras esparcidas por el ambiente. Me enseñaste tanto, para hablar no se necesita usar la voz ni para decir un "te quiero". Bésame, es una orden. Las acciones que hiciste desde que nos conocimos, me llevaron a replantearme varias cosas. Tal vez merecemos otra oportunidad sobre la Tierra. Me saca una sonrisa cuando recuerdo que abrías al extremo tus ojos por explicarte los tipos de besos y sus ubicaciones. Nos preguntábamos cosas irracionales y súbitamente cambiábamos a temas profundos, mas jamás dejaste de hacerme reír. 

    Tu pasión era la bicicleta, muy trillado. Te tomaste el tiempo de aclararme cómo se emplea. Sabías por qué era tan cerrada con mis sentimientos, felicitaciones por tu actuación. Todo se pasó en silencio, sigilo y misterio. Un día me di cuenta que hace mucho que te mudaste a mi corazón. ¡No te manifesté entre las sombras esas palabras aunque tú te percataste del porqué. 

    Qué descarada situación! Sin orgullo, si alguien me llega a preguntar sobre ti, le contestaré: "Mi mejor amigo es su pareja, no conozco a la persona más allá de los rumores.".

viernes, 26 de agosto de 2022

Pu... Prefiero "prostituta"

    "¡Matrona, Matrona!", gritaban a mi alrededor. La calma se esfumó del prostíbulo en el momento en el que entró la figura misteriosa. Todas las chicas corren a diestra y siniestra probándose trajes, mejorando su maquillaje, peinando sus largos cabellos entre ellas, con los segundos que faltan.
    Nada que ver conmigo, soy el patito feo, sonrío en mi mente por la comparación que me dediqué. Utilizo un vestido de cabaret y sostenía un abanico y un látigo entre mis brazos. Además de mi voz, estos objetos las hacen arrinconarse en una esquina por el terror de la expectación. "Aceleren el paso.", vocifero. Mi vida no ha sido fácil, empero, me ha tratado de maravilla comparado con ellas. Al salir del colegio, mi familia se ahogaba en deudas y pensé en una forma rápida de hacer dinero. Le hice una propuesta a las que se graduaron conmigo y ellas aceptaron con extremo desespero por situaciones personales.

    La mayoría de las personas nos ve con lástima o asco pero, yo siento que debería ser todo lo contrario. Asgo mis manos en las cadenas de mi vida, yo decido, yo me muestro ante el mundo tal y como soy y eso me genera fuerza. Que piensen lo que se les venga en gana, llámennos "putas", sean irrespetuosos que al final los depravados y miedosos de mostrarse como son, son otros. Pude haber sido mesera o buscar en una empresa que me acepte con el currículum que poseo, sin embargo, fue por elección propia ser matrona. 

    Suena la campana y todas se ponen en una fila. Una misteriosa persona -con capa y máscara- entra en la estancia. Pasea sus ojos por todas nosotras. "Ojo, no somos objetos, le estamos ofreciendo un servicio.", le dejo en claro. A su lado, reposaba un acompañante. El encapuchado le susurra algo y su acompañante se gira hacia mí. "Quiere su servicio, Matrona.", todas permanecemos estáticas. Al fin y al cabo, yo también trabajo de aquello. Lo escolto a los aposentos más lujosos del prostíbulo. Luce alguien forrado en plata.

    Nos sentamos en una mesa y quedamos frente a frente. Se quita la capucha y la máscara... ¡Es una chica! Qué exótica, la primera que veo que no tiene pena. Noto que hace parte de mi bando. Abro bien grande los ojos como si no fuera real. "¿Le da asco mis gustos?", me pregunta. Para nada, le hubiera dicho. "Claro que no. Me ofende, señora. Hay muy pocas personas que se muestran... como son.", le digo. "Entonces brindemos por las personas estrafalarias que siguen en el mundo.", alza dos copas llenas de vino y me tiende una. "Que sea en el universo.", respondo. Lo que oigo a continuación es el tintineo de las copas, chocar.

jueves, 25 de agosto de 2022

Sin sentido

     Ya no lo soporto. Rogué por acordarme sobre hacer un torniquete, mis plegarias fueron escuchadas y no sirvieron de nada. La sangre sigue brotando por mi muslo derecho en grandes cantidades. Luché y acabé en este agujero de mala muerte. Mi barba, crespa al igual que enredada, lucía en todo su esplendor gotas de sangre por todas sus extensiones. Hace frío, está oscuro y el suelo es húmedo. Oigo sonidos y rápidamente empuño mi arma. Se acerca y... Es una maldita rata. Pasé de ser el depredador a una presa, genial. Le disparo hasta que no mueve ni un músculo. Fantástico, se me han acabado las balas. ¿Por qué acepté el trabajo en el laboratorio? Dinero, la respuesta es fácil. Yo qué iba a saber sobre los experimentos que desarrollaban aquí. La catástrofe dio inicio cuando una jodida mantis gigante le cortó la cabeza a una docena de trabajadores. Los de mi equipo han desaparecido, si es que no los asesinaron las criaturas. Mientras ellos velaban por nuestra seguridad, yo me ocupaba de una reclusa loca que al entablar conversaciones se convirtió en mi amiga.

    Me esmeré en salvar a Halle, una científica tildada de loca dado a que quería ayudar a los animales en lugar de maltratarlos. No secundo su opinión pero no merecía ese trato. Terminó encerrada en las vieja cabinas, en el subterráneo. Una mierda, nadie se acordaba de su existencia de no ser por mí. Llegué sumamente tarde, hubo una fuga en las tuberías y todo el piso se encontraba inundado hasta el techo. Nadé, aguanté la respiración y al abrir la cabina su cuerpo flotaba inerte por la estancia. 

    Arde. Por el apuro de salir del lugar, una puerta se cerró, aprisionando mi oreja y arrancó el piercing de un tirón. Adiós oreja completa. Las luces titilaban en los pisos arriba mío. El agujero comienza a llenarse de agua rosácea por los toques de sangre. 

    En conclusión: no hice nada en mi jodida vida, nadie importante a quien hacerle panqueques. ¿Fue en vano? Mi contienda interna no sirvió. 

    Espero. Será como echarse una siesta.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Mi utópica distopía siendo un asesino

     En los incógnitos lugares para asesinos se encontraba él. Parecía alguien sometido, basura, nada. Su bozal descansaba en gran parte de su cara y su ama tenía la correa con autoridad. Pero yo lo sé, tengo la seguridad de lo que hace cuando nadie le presta atención. Sueño con ser igual a él, Un asesino vestido de víctima. La policía piensa que fue secuestrado y está aquí en contra de su voluntad. 

    Por mi lado, al fin llegué a los primeros 100 puestos de asesinos élite. Con los giros de la vida, se decretó que los asesinos de élite (100 en total) tienen derecho a matar sin cargar con las consecuencias. Es de locos, mas, lo hace menos divertido puesto que, no habrá adrenalina por huir a tiempo ni la esperanza reflejada en los ojos de la víctima. Cada noche anuncian a los asesinos más hábiles y el nombre de muertes, espero estar un día allí, en la pantalla. Una cosa que ronda por mi cabeza son las amenazas que llegaron esta mañana a mi puerta. Soy el asesino nº 98, el nº 97 se encuentra en todo su derecho de estar asustado por si le llego a quitar el puesto. Y solo hay una manera de ascender: arrebatando el poder de las manos del anterior y así sucesivamente. 

    Mis hermanos de preparación (el orfanato, criadero de asesinos) un día despertaron muertos por culpa de un envenenamiento en su comida. Jamás se supo quién fue. Fui el único sobreviviente, qué cosas tan extrañas... Dije que quería ser el mejor, lo seré y punto.

martes, 23 de agosto de 2022

Quiero la paz

    ¿Es mucho pedir? Me tiraron a la guerra a mis 2 años de existencia física. Creí hacer parte de un grupo junto a los otros soldados, pero me equivoqué. Soy muchas: una rara, muy seria, García, entre otros... De las cuales me enorgullezco. El bando al que pertenezco es el mío y los soldados de todas partes atacan, hasta mi propia conciencia juega en mi contra. Luego de tantos años de batalla todos hemos mejorado nuestras técnicas. Algunos porque tenían miedo que se las hicieran a ellos y otros porque se las hicieron ya (me incluyo en ésta). Estoy preparada para volver, al igual que los demás soldados, mas me gustaría un tiempo de paz. Lo que pasa en las películas: hacen una tregua y todos se unen. Lamentablemente, no estoy en una película o libro, por lo menos no de mi agrado. Espero que la suerte tenga piedad este año; aunque no me molesta ser una mariquita como en "Bullet Train". También disfruté "Good luck, Leo Grande", entre muchísimas enseñanzas más de otros sitios. Anhelo la libertad, la veo tan imperfecta y hermosa y al mismo tiempo tan lejana. No le pediré permiso a nadie para llegar y saludarla o darle un abrazo gigante.

    ¿Tenemos esperanzas de redimirnos? Yo siempre he esperado con los brazos abiertos y una sonrisa. Tal vez es muy iluso de mi parte, empero, es a lo que me puedo aferrar mientras la guerra continúa. Las letras y las palabras son poderosas, sin embargo, la mayoría de los soldados que me rodean son ciegos y sordos. Puedo decir que entro en la misma categoría que los soldados.

"No hay camino para la paz, la paz es el camino", 
Mahatma Gandhi. 

El lisiado

    En cierta ocasión, por los pueblos de Cartuck en 1909 nació un niño con muchos problemas, según gritaba él a espaldas de los demás. Los desdichados que vivían por ahí se notaban: infelices, llorosos, cascarrabias. Felipe con 15 años de edad empezó a trabajar como ayudante de la modista. Él era cojo. A cada rato andaba con un bastón. Unos cuantos adolescentes de su edad lo molestaban y le decían "lisiado". Nunca fue respetado o amado; pensaban que no valía la pena. Creí que había llegado su momento; una chica abrió la puerta del local y le sonrió a Felipe. Se puso a ver algunas muestras de tela y se lograba ver que se escapaban unas miradas de ambas partes. Felipe se encontraba petrificado, tanta atención y toda para él. Al pasar los minutos, ninguno dio el primer paso y la señorita decidió marcharse. No buscó a esa chica para que se encontraran en un ambiente más informal. Posteriormente, cerró la tienda y de a poco salió del callejón. Lo miraban raro cada vez que podían, ya estaba acostumbrado porque no se podía extrañar lo que jamás sintió: calidez. 

    Todos los días seguía su rutina hasta llegar a un monte desolado, acostarse en una cama improvisada de arbustos y llorar hasta el nuevo día.

Hieres, pero lo soporto

    Miénteme. Destrúyeme como si fuera nada y hazlo con toda tu fuerza como si fuera todo. Aún puedo saborear tus labios contra los míos y tus caricias por todo mi cuerpo. Tu sonrisa me elevaba más allá del cielo y tus ojos decepcionados me llevaban a una depresión profunda. Te pedí un verano y me lo concebiste. Te pedí que me ocultaras la verdad hasta el extremo que pudieras y eso hiciste.

    Ver películas de terror, sin ti, hasta las tres de la madrugada no es lo mismo. Tus bromas me sacaban risas sinceras, ahora reemplazadas por el silencio que reina en mi pecho. No me atrevo a derramar una lágrima, eso no va a cambiar que te fuiste y jamás regresarás. ¿Te acordarás de mí?

    Cumpliste tu promesa. Ya no estás a suspiros de distancia, sin embargo, te sigo besando, abrazando y hablando en mis más grandes anhelos.

Mi mente es "normal"

     -¿Comes lechuga?-Pregunta.- Claro que comes lechuga.-Hace una pausa.- Mis compañeros me creen loco, ¿puedes creerlo? Yo me esmero en causar una buena impresión y ellos me ven de esa manera. Y más hablando contigo, por eso debemos mantener esto en secreto. Es muy difícil invitarte a cenar; tengo que pagar en cantidades que no te imaginas.-Suspira- pero lo vale para verte todas las noches. Algunos de mis colegas sí están locos, socializan con otros humanos y tienen novias, ¿puedes tan solo pensar aquello?

    El paciente del psiquiátrico se queda en un silencio sepulcral mientras observa a su amada tortuga. Lucha para que no lo pillen cuando guarda comida o se escabulle para el refugio de animales. El guardia de vigilancia y la psiquiatra lo esperan fuera de la habitación. 

    -¿Algún día se cansará de visitar a la tortuga?- Pregunta el guardia.- ¿O de invitarnos a estos paseos nocturnos?

    -No lo creo, para él nosotros somos sus colegas.- Lanza una sonrisa triste y le da un sorbo a su café hirviendo.

El colegio está caluroso hoy {+18}

    Hoy llegué muy temprano al colegio y de pura casualidad me dejaron entrar. Los pasillos parecían solitarios pero empecé a escuchar gemidos. Muy curiosa o, mejor dicho: chismosa; seguí el sonido. Me topé con una chica común disfrutando todo lo que el chico le hacía. El chico está muy guapo; notó mi presencia y yo me quedé estática. Mientras se besaban, él no paraba de mirarme con una sonrisa coqueta. Salí de ahí; no me saqué de la cabeza esos pensamientos en toda la mañana.

    Después, el misterioso "modelo" se acerca a mi mesa y ahuyenta a mis compañeras. Se sienta muy pegado a mí, tanto así que mi pelvis choca contra la punta de la mesa. Jadeé más fuerte de lo que creí; no puedo creer que él está disfrutando esta situación. Que pena y más en frente de muchos compañeros. Sus cejas se han elevado, puedo alcanzar a ver una sonrisa y posee una postura imponente.

    -Hola, si no estoy mal tú eres la que me estaba espiando esta mañana.- Maldita sea su voz...Va presionando su pelvis contra mi cola.

    -¿Quién dijo? Yo solo estuve en el lugar y tiempo incorrecto.- Necesito ponerme a la defensiva.- Además, no es mi deber darte explicaciones.

    -¿No te gustaría... ya sabes?- Su mano asciende desde mi muslo, llegando a mi muslo interno.

    -Mis disculpas, claro que quiero pero no contigo. Y si tú quieres, tienes una chica que supongo que es tu novia detrás tuyo las 24 horas del día.- Intento encontrar algún argumento en su contra.

    -¿Ella te dijo eso? Yo no soy de nadie, preciosa.- Inspiro su olor. Se acerca a mi oído y susurra algo que me deja atónita.- Piénsalo: no seremos exclusivos, siempre que gimas dirás mi nombre y no me buscarás si no es para fornicar.- Luego, desaparece por la multitud.

    Unas horas más tarde, siento que me estoy mojando en estos segundos. Le pido al profesor que me deje ir al baño. Me llevo una sorpresa cuando me encuentro a Stefano. Él me mira de arriba a abajo y viceversa con ojos brillantes. 

    -Dime que estás mojada.

    -Lo estoy.- Es lo único que puedo articular. Me toma del jean y me sube a la encimera del baño.

    -No haré nada que tú no quieras.-Mantiene unos centímetros de distancia. 

    -Puedes enseñarme, sé la teoría pero no tengo práctica.

    -Abre las piernas.-Me ordena y yo obedezco.

    Una de sus manos entra en mi pantalón y acaricia mi ropa interior. Lo tomo del brazo para intentar que pare, en pocas palabras, él no paró. Posteriormente, bajó su cara hasta mi entrepierna y lamió toda la zona húmeda. Por más de que mi exnovio es genial en estas cosas, en lo único que pienso es en esos labios gruesos y ojos negros de la mañana. Me imagino con él, me pregunto cómo se llamará. Apuesto a que el coge rudo y con ganas.

    -¿Si te digo que te voy a dejar cojeando, me creerás?- Señalaría mi vulva sin dejar de mirarme.

    -Tendrás que demostrarlo para poder creerlo.- Una sonrisa se escapa de mis labios.- ¡Ah... Dane!

    Mas eso nunca pasa, no por el momento.

viernes, 17 de diciembre de 2021

¿Ahora qué eres? Dalubidas/os, las pesadillas andantes

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los dalubidos. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy una dalubida.


Disfrutando de mis preciosos días de vacaciones, algunos: oscuros, grises, infinitos… Me la pasaba leyendo sobre Julio Cortázar: “Historia de cronopios y de famas”, “La otra orilla”, “Casoar”. Y el que más me llamó la atención: “Axolotl”. No me podía llegar a imaginar convertirme en otro ser vivo; en otra persona. Aunque, de muchas maneras ya lo hacíamos al aparentar con nuestras máscaras y seguir a la manada para lograr sobrevivir (lo sé, me urgía un respiro).

Al mismo tiempo que ponía mis labios sobre la taza de café con leche me puse a investigar sobre animales en peligro de extinción, pero fuera de lo común. Sin encontrar nada me di un abrir y cerrar de ojos, pasar un tiempo sin pensar en nada ni en nadie. Me despedí de mi familia. Una vez que salí de casa, mis piernas empezaron a andar solas. Al echar un vistazo, me encontraba en el acuario. La gente absorta en ella misma, contemplaban los peces y pepinos de mar. No muy alejado de esas personas, se encontraba un lugar todo cálido y familiar, a la vez que frío, nuevo y cautivador. Y ahí los vi, unos animales que parecían partículas al igual que gigantescas pero de una forma intimidante, no sabia que hacer: abrazarlos o salir corriendo de aquel lugar. Sentí verme al espejo: perdiéndome en esos ojos café oscuro, su piel pálida a la vez que se ruborizaba a medida que me quedaba quieta, la frialdad con la que me miraba pero al mismo tiempo diciendo que le hablara. Luego de ese extraño inconveniente, me devolví corriendo a mi casa; me mantuve encerrada en mi habitación intentando encontrar una explicación a lo sucedido y ver que clase de animal era.

Ya había dado una semana desde que me tope con aquel animal fantástico y extraño (para mi es lo mismo), me obsesioné sin darme cuenta en lo que me estaba metiendo.  Nunca fue fácil para mi “encajar” y nunca lo será. Por justo eso, estoy agradecida en este momento. Me agrada ser diferente, que los demás se sientan sacados de lugar al verme y conocer apenas la superficie de mi ser y darse cuenta de que no soy como nadie más. Así que me asustaba encontrar a alguien semejante a MI. Un terror oscuro, algo que simplemente me daba escalofríos cuando se me pasaba por la cabeza.

Mientras tanto, al pasar bastante de mi tiempo en el acuario, el guardia empezó a asustarse. Se me fue acercando hasta quedar con poco espacio entre nosotros; parecía preocupado. Me dijo que si tenía tanto interés en aquellas criaturas podría buscarlas en Google, se hacían llamar: “dalubidas”. Me sentí conmocionada. Luego de esa “conversación” y satisfacción de saber el nombre, me dediqué a observar cada detalle de la dalubida más lejana que había.

¿Cómo representar tanta belleza y tranquilidad? Me sentencié en mi cabeza una y otra vez. ¡Me agraviaba el “síndrome de Stendhal”! Digamos que medía más o menos una mano de una niña de 13 años, su piel dependía de cómo había nacido (eso solo nos hace más similares), unos cuantos tentáculos: por hay 4; sin contar los dos pequeños que tenía terminando la nariz y empezando la zona de espacio entre la boca como si fuera bigote . Di un brinco al ver la frialdad de su postura y ojos. Su hábitat estaba lleno de adelfas, una planta muy venenosa, a la que ni le picaba a los dalubidos.

Podría haberme quedado más tiempo pero el acuario iba a cerrar. En las próximas horas, me límite a investigar… TODO acerca de los dalubidos. Resulta que ellos son unos animales muy sigilosos, astutos y que engañan con la apariencia tan tierna que emanan de su cuerpo a primera vista. La adelfa estaba en su hábitat ya que ellos cargan y descargan energía a través del tipo de comida que les des. Hago un ejemplo: un dalubido come una hoja del laurel rosa, unas horas más tarde aquel dalubido podría darle energía a toda una ciudad.  Se sienten como mis héroes al mismo tiempo que mis villanos. Cuando decían que tus pesadillas no existían y que la belleza era maravillosa, estaban completamente equivocados.

La piel de la dalubida es tersa como el terciopelo, brillante y emanando luz, algunas veces tenía un color que se había vuelto mi color preferido: el tornasol. Al meterse al agua se volvía transparente y eso me recordaba el esfuerzo que debía hacer la humanidad para ser así: totalmente transparente. Me sentía intimidada al ver que podía tomar cualquier identidad sin preguntarle a nadie. Tenía miedo que hiciera eso con la mía…

 

De cuando en cuando se me fue pasando esa obsesión por aquella criatura hasta que la volví a ver. Sus ojos brillaban más que el Sol, me estaban quemando. Su cuerpo tan expuesto y libre, con simpleza y tranquilidad. Un leve sonido emitió de mi boca al volverlos a ver, creí que era inaudible para ellos. Pensaba que sus ojos y movimientos no podían ser más intensos pero me equivoqué.

Al instante, noté que estaba del otro lado del cristal. En otra dimensión, tenía un aspecto irreal. Bajé mis ojos con calidez a mi cuerpo, mi tersa piel tenía el color tornasol por todos lados. No sé si fue por tanto color en mis ojos o el echo de que me convertí en dalubida; pero me maree. Al instante en que me recuperé, miré a mi alrededor. Los demás dalubidos ni se inmutaron al verme llegar del otro lado del cristal. Fue un poco desesperante. Me fascinaba observar a los dalubidos, no convertirme en una. Yo ya tengo identidad, vida propia a la cual amo y respeto. Extrañaba la calidez de la humanidad que no se lograba ver del otro lado del cristal hasta que… Los dalubidos me empezaron a hablar sin mover un pelo, solamente movían sus tentáculos que se hacían pasar por bigotes. Lo hacían más como reflejo. Me posé lo más cerca posible del cristal hasta que vi mi cuerpo tieso mirando la vitrina. El ser que estaba en mi cuerpo, estaba inerte. Yo sé que estaba pensando, lo sabía, porque yo estuve en aquella piel.

Me sentía tan extraña, como si compartiera todo y nada con la persona que estaba al frente. No supe cómo manejarlo, sus ojos representaban ternura, me querían expresar un montón de sentimientos; de repente, me di cuenta que ese reflejo era la última parte humana que quedaba de mi en ese cuerpo.

Estar en ese acuario del otro lado de esa cabina era muy solitario y más cuando nos encontrábamos en la parte más lúgubre de todo el acuario y la gente no se atrevía a pasar por ahí. Los días me los pasaba estática mirando a la nada o de vez en cuando aparecía el ser vivo de ese cuerpo; supongo que ya no me pertenecía.

Los días se volvieron semanas. Al llegar a ese estado quedé atemorizada y deshecha. Tuve que acostumbrarme y darme cuenta que esa era mi vida ahora. Comencé a crear una rutina, lo cual se hizo cotidiana. No me desagradaba pero extrañaba lo que era antes. Por primera vez quería volver a como era antes,  retroceder y nunca mirar hacia delante. ¿Cómo olvidar cómo se sentía esa piel? Esperaba que la dalubida no echara mi antigua vida por la borda: mi familia, compañeros, estudios, lo que en verdad me apasionaba.

Logré desaparecer esos pensamientos terroríficos de mi mente y concentrarme en lo que soy ahora: una dalubida. Al nadar no tenía cuerpo, no veía ni un milímetro de piel. Pareciera que a los demás les agrada eso, no ser nadie, pero a mí no. Disfrutaba de aquello por unos instantes, máximo algunos días. Mi color tornasol dejaría hipnotizado a cualquiera que me mirase. Lástima no tener a nadie cerca. Los recuerdos me invadieron, mis padres abrazándome . De un leve suspiro soñé con mis padres visitandome y felicitándome por el aspecto que tenía ahora. Ellos me preguntaban <<¿Cómo lo haces?>> y yo les respondía que <<Fue sin querer.>>. Claro, los dalubidos no hablan el lenguaje humano.

 

No entiendo al tiempo, como decidió andar tan lento. Sé que el tiempo es un concepto de los seres humanos; los animales no tienen ni idea si envejecen, solo viven el presente. Un día la dalubida que estaba en mi vida pasada se quedó mirándome más de lo que había hecho las otras veces. Sentí como me recorría el cuerpo detalladamente. Si quería sobrellevar esto, tenía que sacar la postura y dignidad que me quedaban. Encima de eso, ella no estaba sola; la acompañaban dos chicos y una chica. Nunca los conocí cuando estaba en ese cuerpo. Se quedaron boca abiertos al vernos, una forma de inmortalidad, respeto hacia nosotros. Al final de cuentas parece que la dalubida se apropio de esa vida, hasta creo que busco a la víctima perfecta para cometer su crimen: a mi. Los que parecían ser sus nuevos amigos tenían un aire pesado, se veían atontados por la belleza de los dalubidos, nuestra belleza.

Sentí la ímpetu con la que nuestros ojos deambulaban hasta encontrarse con la de ellos. Yo estaba petrificada pero hago la similitud cuando la criatura era una dalubida y se mostraba tan serena. No me daba cuenta si me estaban juzgando, examinando, pero era consciente de que no estaban felices entre ellos al vernos.

Noté que ya no me acordaba de mis recuerdos humanos. Las pupilas se me dilataron y los ojos se me pusieron más húmedos que de costumbre. El vació me fue consumiendo. Ya estaba en una burbuja, protegida de todo pero ¿a qué costo?. Era más una jaula que protección. ¿De qué servían increíbles poderes sino explotaba mi potencial?

Logré ver con mis húmedos ojos que los jóvenes iban saliendo y los dalubidos a mi alrededor se fueron escondiendo. Quedé cara a cara con ella, mi espejo. Los pocos recuerdos que me quedaban, escuché el suspiro de unas cuantas personas que me decían: <<Nadie te puede quitar tu identidad ni tu nombre.>> y eso se intensificaban cada vez más en mi cabeza. De solo sentirlo tuve una rabia infinita porque aquella dalubida me había robado todo lo que tenía y ella era más que consciente de eso.

Quedé un poco adormecida, tenía que saber el por qué. Mi ex-cuerpo dio un paso al frente. Me escabullí hacia ella con mis cuatro tentáculos. Nos quedamos mirándonos; aparte del silencio que había antes, este es completamente nuevo: es más profundo. Como si antes de ese momento hubiéramos tenido una conversación muy entretenida. No obstante, no me dio miedo al estar tan cerca de ella. Lo único que nos separaba eran los milímetros del cristal.

Más tarde logré ver su intención tan oscura y profunda. El miedo que me produjo en ese instante. Fue como si me echaran un balde de agua helada. Vi todo su cuerpo y las emociones que se notaban en su físico. El problema era que se percibía como luchaba contra sus emociones. Mientras la fulminaba con la mirada, ella tenía la mirada ida, absorta. Nos presenciábamos sin aire, apenas vacilábamos. Le di demostraciones de porqué debía tenerme miedo en lugar de sentirse superior a mi. Le mostré cómo podía robar identidades , que podía deslumbrar. Ahí sucedió. Nuestras miradas se encontraron, todo el tiempo, siempre fuimos, las mismas. Un espejo, ambas con derechos a vivir. Solo que una enjaulada y la otra en toda libertad. Me quedé paralizada, mi corazón paró por no sé cuantos minutos, sentí como me venía abajo, como mi mundo se derrumbaba. La que ahora estaba en libertad se acerca más al cristal cuando pone su mano encima. De seguido yo pongo  un tentáculo, lo más lento posible; estaba aterrorizada. Entonces, me sonrió, ella sabía exactamente todo.